El conjunto coral de la Iglesia parroquial de Santa María de la Asunción (1):
Sillería de coro, facistol, atrilera y órgano.

Antonio Martín Pradas
Doctor en Historia del Arte

La iglesia parroquial de Santa María, perteneció al tipo de iglesias gótico-mudéjar del siglo XIII. Parece ser que fue edificada por don Pedro Fernández Gragea, Caballero al servicio del rey Fernando III, el Santo, en la toma de Écija a los musulmanes. Según las fuentes documentales la iglesia estaba terminada en 1262 (2).

Fue concebida estructuralmente con tres naves y cabecera poligonal, midiendo de anchura la central seis varas y las colaterales cuatro. Con posterioridad decidieron ampliar el recinto, tal vez, por ser éste insuficiente para albergar a la feligresía, de ahí, que al no tener espacio en su longitud, le añadieron dos naves en su latitud, pasando a ser una iglesia de cinco naves. La planta en su conjunto era de forma irregular y albergaba un pequeño patio con seis plantas de naranjos y un limonero, utilizado como desahogo del clero(3).

Las cinco naves tenían las siguientes medidas de longitud: "... la de enmedio tiene desde el choro a la capilla ma / yor de largo ocho baras, y tres quartos, y las otras tienen de mas / largo lo que coge el choro...". Dichas naves se encontraban separadas por arcos sobre "... postes y pilares o columnas / que ni embarasan ni ocupan mucho, dejan desaogada toda la yglesia para / poderse rexistrar toda de cualquier parte..."(4).

La nave central estaba cubierta por un artesonado y las laterales en colgadizo, cubiertas que debieron de sobrevivir hasta el derribo de la iglesia yDetalle del Coro su nueva reedificación a partir de 1758, ya que en la visita realizada en 1704 se refieren a ellas de la siguiente manera: "... la techumbre de estas / naves son de madera de pino de flandes lauoreadas primorosamente a enlazes..."(5).

El conjunto coral estaba situado en el penúltimo tramo de la nave central, tras del cual, existía un postigo que hacía las veces de puerta principal, sobre el que se ubicaba la tribuna del órgano y sus fuelles.

El coro primitivo debió de estar compuesto por dos o tres escaños rasos, de gran simpleza(6), que hacía las veces de sillería, característica similar a otros coros ecijanos de la misma fecha.

En 1628, por mandato del Señor Deán Provisor don Francisco de Monsalve, se ordenó la construcción de un coro nuevo, encargando la realización del mismo a Juan de Mesa, siendo Andrés Díaz su fiador, ambos vecinos de Ecija, rematándose la obra en 7.400 reales ante el escribano público don Luís de Eslaba. Como condiciones la sillería debía de tener "veinte y una sillas" y sus tableros habían de ser labrados en madera de borne.

Desconocemos el motivo por el que Juan de Mesa abandonó el encargo, ya que figura el dicho Andrés Díaz cono continuador de la obra. Este alteró el proyecto y sus condiciones, realizó cuatro sillas más de las que tenía obligación de hacer y para los tableros sustituyó el borne por madera de caoba, llevando a cabo otras demasías.

Una vez finalizada la sillería, el Visitador General ordenó que la obra fuera tasada por Juan de Medina, maestro de este arte, teniendo presentes a los Beneficiados Juan de Córdoba, Pedro Hortíz de Molina, Fernando de Aguila, al Licenciado Antonio Melero, Cura y a Juan Ballejo, Clérigo. Todos en común acuerdo tras revisar la obra, accedieron se pagasen 120 ducados más al maestro Andrés Díaz.

La obra, incluido el asiento de la sillería y el solado del coro, ascendió a 8.720 reales, que figuran haber sido pagados por el mayordomo en cinco cartas de pago, teniendo por testigos a los licenciados Cristóbal de Góngora, Alonso Merino y Fernando Zafra, vecinos de ésta ciudad(7).

Este mismo año se concertó con Andrés Díaz, la ejecución del facistol en 600 reales, que se le abonaron por orden del Señor Visitador General(8). Éste fue realizado en madera de caoba y borne, su cuerpo troncopiramidal estaba coronado por un templete rematado por una cruz, que albergaba la imagen de nuestra Señora de la Concepción. En el verano de 1665 se encargó un nuevo facistol, mas pequeño que el anterior, para utilizarlo cuando el coro se salía al cuerpo de la iglesia(9).

Una vez realizados la sillería y el facistol, el coro se encontraba plenamente configurado, a falta de la reja y crujía. Así en 1662 con licencia del Señor Provisor, se encargó la crujía de hierro y dos púlpitos a Juan de Santiago, maestro cerrajero, "...todo / lo qual peso dos mil quatrocientas / y setenta y dos libras y media / a precio de quatro reales libra / monta nueve mil ochocientas y noventa reales...", quien firmó carta de pago ante don Fernando de Carmona, notario. Para decorar la crujía, se encargaron 26 bDetalle del Coroolas de bronce a 17 reales cada una. La colocación de la crujía y los púlpitos estuvieron a cargo de un maestro y cinco oficiales. Por último se abonaron 160 reales a Cristóbal de Carmona, maestro pintor, por dar betún a ambas obras(10).

En la visita realizada a la Vicaría en 1672, la clerecía de esta iglesia solicitó al Visitador, con miras a remediar el abandono del coro en las horas canónicas a causa de la calor que hace en los meses estivales, se abriesen algunas ventanas en los muros que cierran el coro, a lo que éste accedió. La obra consistió en abrir cuatro ventanas, dos en cada lateral, librándose la cantidad de 62 reales(11).

Desde este año y adentrada la siguiente década, los datos que encontramos se refieren a diversas partidas pagadas a maestros carpinteros, herreros, etc., para aderezar partes o piezas que componen la sillería, por ejemplo en 1684 se abonaron 40 reales al maestro carpintero Alonso Texero por el arreglo de una silla del coro(12).

En la Visita realizada en 1704, siendo mayordomo de esta iglesia don Cristóbal de Fuentes y Zerda, el Señor Visitador al referirse al coro dice: "... El / Choro de esta Yglesia es mui desente por constar de canseles levan / tados con sus puertas a los lados y sillería bastante aunque todo / es obra mui llana...". Podemos deducir que los canceles se relacionan con la reja, de la que no hemos encontrado documentación alguna.

En 1706 se encargó un nuevo facistol, de un solo frente, al maestro carpintero Alonso Tejero, a realizar en madera de peral y nogal(13). Años más tarde, concretamente en 1752 se encargó a Bernardo de los Reyes, maestro dorador, en virtud del mandato nš 3 de la visita pasada, dorar y estofar el facistol, para lo que se libró la cantidad de 2.200 reales(14).

En 1717, se encargó a Sebastián de Lora, maestro herrero, aderezar la crujía. En esta intervención no sólo se reparó, sino que se enriqueció su decoración con cuatro carteras grandes realizadas en hierro, que fueron pintadas al óleo(15).

Volvemos a entrar en un periodo en el que se suceden pequeñas obras de restauración y sustitución de algunos elementos por otros nuevos, así en 1733 Alonso Texero renovó la cruz del facistol(16). El maestro carpintero Juan Antonio Rodríguez, fue contratado en 1743 para que realizara las tablillas del Hic est Chorus, que aún hoy día se conservan situadas en los chaflanes de la sillería(17). En 1752 el maestro cerrajero Juan Ruano, aderezó las campanillas de los tintinábulos(18).

El terremoto del 1 de noviembre de 1755 afectó a la estructura de la iglesia, siendo el punto de partida y excusa para solicitar la construcción de una nueva, ya que ésta era insuficiente para albergar al clero y a su feligresía, sobre todo durante la celebración de las grandes funciones. En 1757 contaba con cuarenta y cuatro Eclesiásticos, cinco Beneficiados, dos Curas, seis Presbíteros, treinta y dos menores, seis seminarios, mozos de coro, pertiguero, dos sacristanes menores, y cuatro acólitos. Muchos eclesiásticos no podían asistir al coro debido a la falta de espacio, y la capilla de música junto con la Universidad de Beneficiados se colocaban en el centro de la iglesia "exchoro" formado con bancos, causando gravísima incomodidad a los fieles por la estrechez de la iglesia(19).

Este mismo año se encargó a Pedro de Silva, Maestro Mayor de Fábricas de la ciudad de Sevilla y su Arzobispado, que redactara un informe sobre el estado de conservación de la iglesia, con miras a su derribo y construcción de una nueva. En dicho informe hizo hincapié en la pequeñez de la fábrica, advirtiendo que en los días de misa normales si en ésta se decía en el altar mayor, a todo la más podían verla cincuenta personas(20).

En primer lugar se llevó a cabo la construcción de una capilla mayor, dos sacristías y el crucero de la nueva iglesia, encargadas a Pedro de Silva, quien plantea el traslado del coro y su sillería al ábside de la capilla mayor, evocando al templo Palladiano de San Jorge de Venecia. Para la cubrición del coro proyectó una bóveda baída y encargó al maestro asentista, Fernando Martín Bizarro, ver a tiempo en que colateral del coro querían poner el órgano, o los órganos en caso de querer dos, con la finalidad de dejar los huecos correspondientes y ejecutar la tribuna o tribunas. Incidió en que las puertas de las sacristías no dieran directamente al interior del coro, con la idea de que éste no sirviese de paso continuo. Propuso la colocación sobre uno de los testeros de la sacristía alta del lado del Evangelio, una torrecilla o campanario a proporción de la campanita que se utilizaba para avisar a la torre(21), campana que aún hoy día existe.

Mientras se llevaban a cabo las obras antes mencionadas, se encargó al maestro carpintero Luís Castellano una serie de restauraciones en la sillería, en 1759 se le abonaron 9 reales por la composición de una banca del coro(22); en 1762 aderezó el facistol(23); en 1765 se le encargaron "... una docena de / cubillos para poner en los bra / zos de las sillas del choro en la / noche buena, y componer las / campanillas del choro(24) ." Por último en 1767, realizó una cruz de caoba para el facistol(25).

El 9 de octubre de 1778 se bendijo lo edificado, que correspondía con el presbiterio y crucero, abriéndose al culto(26), dejando dos puertas ladrón de salida, una en la nave de la Epístola y otra en el colateral del Evangelio(27).

Inmediatamente comenzaron el derribo de las antiguas naves y la construcción del nuevo cuerpo de la iglesia, cuyas obras se prolongaron hasta la primera década del siglo XIX(28).

En la Visita realizada a la iglesia en 1772, el Señor Visitador propuso reutilizar la crujía, arreglándola para dotar al nuevo presbiterio de reja; también ordenó la construcción de un nuevo órgano y "... alguna sille / ría, la que vaste por aora para el nuevo coro; y assi / mismo se haran dos campanilleros...". En 1778, el mayordomo anota en el libro de cuentas: " De el órgano, que se ha hecho para la / nueva Yglesia, no se tomó cuenta en la visita / pasada, por no estar el todo concluido; y / solamente quedo abonado el costo de la caja, y el / de dicho órgano consta de el papel, que se pre / senta firmado de el Maestro Organero, que lo / ha fabricado"(29). No hemos encontrado los datos referentes a los maestros y al gasto que supuso dicha obra.

A principios del siglo XIX, concretamente en 1810, se renovó el órgano de manos del maestro organero Francisco Pradas(30). Debido a que la caja del órgano que actualmente se conserva, responde en su decoración al gusto artístico imperante en 1778, creemos que en 1810 sólo se renovó el instrumento.

La preocupación por el mantenimiento de las piezas y enseres que integraban el conjunto del coro, va mermando con el paso del tiempo, así en 1810 se abonan 170 reales y medio a Pablo Rodríguez por la pintura de las barandas de las tribunas, las rejas del coro y los púlpitos(31). En 1818 se encargó a Francisco Claver y Parma, la construcción de un nuevo facistol para en medio del coro, librando la cantidad de 154 reales y 16 maravedís(32). Al año siguiente se encomendó al maestro herrero Sebastián Fernández, la composición de las rejas del coro(33). Las rejas del coro pudieron haber sido reutilizadas en la capilla de la cabecera de la Epístola, aunque sus medidas no se corresponden con las del coro, o bien, en el pórtico de entrada a la iglesia, siendo estas últimas de características y proporciones más acordes con las medidas del espacio coral.Detalle del Coro

Esta sillería, al igual que otras muchas, ha sufrido traslados y adaptaciones. Fue concebida para estar situada en el penúltimo tramo de la nave central, integrada en un espacio rectangular cerrado por la reja y limitado por la anchura de la nave central y sus laterales. Tras la construcción de la nueva iglesia, fue adaptada al ábside, situándose en un espacio físico más amplio, de ahí que algunos de sus respaldos superiores respecto a sus correspondientes sitiales, presenten anomalías en la composición, como es el caso del sitial presidencial.

En la década de 1990 la iglesia fue restaurada interiormente, incluido el coro, siendo la sillería limpiada y debidamente tratada para poder ser visitada.

1.- Descripción de la Sillería.

Ficha Historica:

Promotor: Señor Dean Francisco de Monsalve.

Autores: Juan de Mesa y Andrés Díaz.

Fecha de ejecución: 1628

Precio: 8.720 reales.

Materiales: Caoba y borne.

Ubicación: En el ábside de la iglesia.

Limpiezas y restauraciones: Alonso Texero en 1684 y 1733.

Luís Castellanos en 1759 y 1765.

Francisco Claver y Parma en 1818.

Ficha Técnica:

Estructura arquitectónica:

Estilo: Manierista.

Planta: Absidial rectangular.

Sillería:

Nš de asientos: 25

Medidas id.: 60 x 38 x 54 cm.

Soportes:

Remates: Crestería calada y copetes torneados.

Decoración e Iconografía:

Misericordias: Culp de lampe.

Sitiales: A base de casetones rectangulares y cuadrados.

Conservación: Buena.

La sillería de la iglesia de Santa María, fue concebida y diseñada en base a unas medidas determinadas que ofrecía el penúltimo tramo de la nave central, donde se situaba el coro. Éste se hallaba rodeado por un muro en tres de sus frentes, horadado por vanos en los que se ubicaban puertas laterales y ventanas, cerrado en su frontal por unas rejas de hierro.

Tras la construcción de la cabecera de la nueva iglesia, fue adaptada a un nuevo espacio físico, el ábside, suprimiéndose las puertas laterales y configurándose un recinto que conserva su forma rectangular primigenia, pasando su testero de 5,10 a 7,48 metros. Con esta nueva ubicación se unificaba el espacio litúrgico cerrado a los feligreses, prescindiendo de la vía sacra formada por la crujía, que será reutilizada para dotar de rejas al presbiterio.

Al coro, se accede por medio de tres escalones de mármol blanco de 21 cm. de alto cada uno, flanqueados por dos barandas de madera formadas por balaustres cuadrangulares de 83 cm., que sustituyeron a la reja, cambiada de lugar a principios del siglo XIX, y situada, según creemos, en el pórtico de ingreso a la iglesia.

La visión del presbiterio y coro desde la nave central, produce una superposición de planos ascendentes, quedando en el superior el coro, a una altura de 1,60 m. respecto al pavimento de la iglesia.

1.1.- Sillería.

Se compone de un sólo cuerpo de asientos, que debido a su adaptación forman un todo continuo, separado por dos chaflanes que se corresponden con sendas rinconeras, de ahí que podamos dividirla en tres grupos que obedecen a una simetría perfecta: siete asientos en cada uno de sus lados menores y once en el testero.

La sillería se asienta sobre una tarima corrida de 11 cm. de altura, de la que arrancan los tableros que configuran los sitiales. Estos ascienden en línea recta para terminar en una consola gallonada, que recoge la curva externa de una voluta que se eleva creando un sinusoide suave, repitiéndose en la parte superior la consola que sirve de soporte al brazal superior, que se adelanta cobijando una pequeña ménsula.

La línea sinusoidal formaría el brazal inferior, pero al ser tan leve, no deja espacio para apoyar cómodamente el codo. Esta en su frente se decora con una sucesión de escamas semicirculares con un círculo en el interior.

El asiento de 60 cm. de ancho, 38 de fondo y 54 al suelo, consta, como en todas las sillerías, de un tablero embisagrado de 60 por 24 cm., que al levantarse deja ver una paciencia o misericordia. Bajo el asiento existe un tablero de 45 cm. de altura, carente de decoración.

El respaldo del asiento presenta en todos los sitiales el mismo esquema compositivo: un gran rombo central enmarcado en un rectángulo, forma cinco registros con superficies lisas.

Los brazales superiores se unen al respaldo por dos pequeñas rinconeras que continuándose suavemente con él, dan al sitial forma ligeramente cóncava, sobre el que corre una moldura que une todos los paneles que integran el conjunto.

Los respaldos superiores de 57 por 60 cm., están integrados en un rectángulo dividido en dos registros compartimentados a su vez en casetones cuadrados y rectangulares que aportan la deseada armonía geométrica de líneas, cuyo origen residía en los presupuestos puristas de Juan de Herrera(34). La separación de los respaldos consiste en un espacio decorado con dos líneas de escamas similares a la existente en el frontal de los asientos. Sobre éstos y separado por una moldura simple que recorre los respaldos, cabalga un friso de 28 cm. de altura, donde se repite la decoración de casetones alternos, que a simple vista produce la sensación de ser un friso corrido, cuyo esquema se repite ajustándose a las medidas del asiento por medio de consolas que se corresponden con los espacios existentes entre los respaldos.

Por último recorre toda la sillería un entablamento de gran sobriedad, coronado por una crestería calada de 22 cm. en su parte central, con claro sabor clasicista. La crestería no es continua, sino exclusiva de cada asiento, flanqueada cada una de ellas por pilares acasetonados rematados por un copete torneado, que intenta romper la horizontalidad del conjunto.

El sitial presidencial, posee las mismas medidas del resto de los asientos, distinguiéndose exclusivamente en los laterales que se doblan creando un espacio de 41 cm. de ancho, decorado en la parte inferior por una media columna a cada lado de 54 x 41 x 27 cm., sin basa ni capitel, recorrida en su fuste por baquetones rectangulares estilizados; sobre ésta, el espacio sinusoide se decora con registros triangulares con uno de sus lados curvos, quedando a la altura de los brazales superiores y a ambos lados del sitial dos repisas sin decoración ni función aparente.

La altura total de un sitial desde el pavimento del coro es de 2,35 m.

Las tablillas del Hic est Chorus, se sitúan en el friso superior que recorre los chaflanes. Su forma es rectangular, distribuyendo las letras doradas sobre fondo verde, enmarcado por una caña lisa y coronadas por un penacho ascendente de roleos vegetales calados. Sobre el chaflán del lado de la Epístola, se sitúa un tintinábulo de una sola campana, utilizada para dar órdenes a la torre.

 

2.- Facistol.

Corresponde a la tipología de un sólo frente, al igual que el de la iglesia Mayor de Santa Cruz, pero con elementos y características que les hacen diferentes. El de ésta iglesia se eleva sobre cuatro patas ligeramente curvadas en forma de lira que terminan en volutas, recordando a los muebles y consolas del rococó. La decoración se aloja entre las patas, a base de roleos vegetales y ménsulas. El cuerpo del facistol porta en su interior un cajón destinado a guardar partituras y misales. La decoración ocupa tres de sus frentes, de los que destaca el frontal, dividido en siete registros por molduras geométricas, decorados con elementos vegetales. En el registro central se representa el anagrama de María. Se encuentra dorado sobre fondo blanco, trabajo que realizó Bernardo de los Reyes en 1752.

 

3.- Atrilera.

Situada frente al sitial presidencial sobre dos gradas de 23 y 20 cm. de altura respectivamente, unida como prolongación de la tarima sobre la que se asienta la sillería.

Es de similares características y decoración a la que se sitúa en el coro de la iglesia de Santa Bárbara, con la excepción de que en ésta el atril se sostiene sobre las alas de un águila que apoya sus garras en el capitel de la columna salomónica. En el pecho del águila se repite el anagrama de María.

La altura del atril desde la tarima es de 1,60 cm.

4.- Órgano.

Se sitúa sobre la tribuna del ábside del Evangelio "LAUDATE EUM IN CHORDIS ET ORGANO", reservando la situada en el lado de la Epístola para los cantores "LAUDATE EUM IN TIMPANO ET CHORO".

La caja del órgano fue realizada en 1778, la cual se conserva carente de policromía, llamando la atención el color marfil que presenta su fachada, tal vez no se doró debido a la falta de fondos.

La decoración de rocallas se distribuye sobre un basamento del que parte la tubería repartida en los cinco compartimentos tradicionales, de los que tres son torreones y dos planos-lisos dobles, separados entre sí por pilastras profusamente decoradas a juego con las claraboyas. Los torreones se rematan en artísticas coronas, mientras que el entablamento rococó envuelve el anagrama de María.

Su teclado manual abarca cuatro octavas completas, contando con 49 teclas y seis contras. Porta un elemento innovador: el campanólogo. Su composición es como sigue:

Trompeta Real Quincena Trompeta Real LLeno

Lleno Fl. Violón Lleno Quincena

Docena Octava Real Octava Docena

Fl. principal (en blanco) Fl. violón Ocarina

Octava General Fl. principal

Voz humana

José Enrique Ayarra encuentra en su composición huellas de reformas posteriores que respetaron la estructura básica de su sonoridad. Observa la integración del medio juego de "ocarina", la superposición en la fachada de un juego corto de lengüetas (dulzaina u orlos) y la aparición de la "voz humana", fechando esta reforma a principios del siglo XIX(35), tal vez la llevada a cabo por el maestro organero Francisco Pradas en 1810.

5.- Decoración de la sillería.

Andrés Díaz se formó como maestro carpintero dentro de un mundo artístico en el que se vivía un proceso evolutivo, que partiendo del Plateresco desembocará en el Barroco, pasando por influencias romanistas y puristas aportadas por los tratados arquitectónicos y los preceptistas italianos del Manierismo.

Este sentimiento de constante innovación debió de plasmarlo el maestro en su hijo(36)Juan de Mesa, quien comenzó sus primeras obras en unión de su padre en las primeras décadas del siglo XVII. En 1615 intervino en la reparación de la silla del presidente del coro de la iglesia Mayor de Santa Cruz. En 1627 le fue encargada la construcción de un cancel de madera para la puerta principal de la iglesia de San Juan(37), obra que debió consagrarle, ya que un año después se le contrató para realizar la sillería que nos ocupa, presentando a Andrés Díaz como su fiador.

A juzgar por la fecha de construcción, (mediados del siglo XVI), la antigua sillería de Santa cruz se englobaba dentro de las corrientes artísticas en las que Juan de Mesa se había formado "... sillería llana sin labor alguna...", lo que implica un renacimiento purista. Esta sillería pudo servir de base para la concepción del nuevo encargo, cuyas trazas obedecen a los presupuestos establecidos por Juan de Herrera, entre los que se incluye simetría, equilibrio y compensación, agregando la desaparición del ornato, sustituido por la armonía geométrica configurada a base de casetones, molduras planas, curvas sinuosas, etc.

Desconocemos el motivo por el que Juan de Mesa abandonó el proyecto, haciéndose cargo de la obra su fiador, llevando a cabo una serie de demasías que fueron elogiadas y premiadas con 120 ducados por los curas y beneficiados de la iglesia.

El lenguaje decorativo que imprimió Andrés Díaz en la sillería, se reduce a una configuración de líneas verticales y horizontales que compartimentan el espacio, creando casetones rectangulares y cuadrados que se alternan apreciándose una monotonía que se rompe por el movimiento ondulante de los perfiles de los asientos, misericordias y cresterías.

Las misericordias carecen de representaciones figurativas, tan abundantes y variadas en obras barrocas. Por su aspecto y volumen son un trasunto de los "culp de lampe" o ménsulas empleados en la arquitectura de la época. No obstante, si su perfil pone de manifiesto un origen vegetal, su visión frontal recuerda el ático de un edificio Vignolesco, compuesto por un vano flanqueado por dos grandes mensulones.


1. Datos extraídos y actualizados del libro de Antonio Martín Pradas, titulado Las sillerías de coro en parroquias y conventos ecijanos. Écija : Gráficas Sol, 1993.
2. MARTÍN PRADAS, Antonio y RODRÍGUEZ OLIVARES, Mª del Carmen: "Aproximación al estudio de la iglesia Gótico-mudéjar de Santa María". En Actas del III Congreso de Historia de Ecija: Ecija en la Edad Media y Renacimiento. Sevilla : Ayuntamiento, et. Al, 1993, p. 446.
3. Ibidem.
4. Ibidem.
5. Ibidem.
6. Ibidem.
7. Archivo Parroquial de Santa María (AP Santa María). Libro de Cuentas de Fábrica (LCF) nº 185, año 1634, f. 258 v. y ss.
8. Ibidem.
9. A. P. Santa María. Libro nº 221, Libro Inventario de bienes de Santa María. Año 1653 y 1656.
10. A. P. Santa María. L.C.F. nº 187, año 1662, f. 38 v. y 39 r.
11. A. P. Santa María. L.C.F. nº 187, año 1672, f. 130 r.
12. A. P. Santa María. L.C.F. nº 188, año 1684, f. 92.
13. FERNÁNDEZ MARTÍN, Mª M.: El Arte de la madera en Écija durante el siglo XVIII. Écija : Ayuntamiento, 1994, p. 179.
14. A. P. Santa María. L.C.F. nº 196, año 1752, f. 120.
15. A. P. Santa María. L.C.F. nº 188, año 1717, f. 69-70 y 100.
16. A. P .Santa María. L.C.F. nº 192, año 1733, f. 90.
17. A. P. Santa María. L.C.F. nº 194, año 1743, f. 111.
18. A. P. Santa María. L.C.F. nº 196, año 1752, f. 120.
19. Institución Colombina (IC). Archivo General del Arzobispado de Sevilla (AGAS). Sección Fábricas, leg. 803, año 1757. Declaración realizada por Pedro Franco, Sochantre y Sacristán Mayor de la iglesia de Santa María ante el notario público (nombre ilegible).
20. MARTIN PRADAS, A. y RODRIGUEZ OLIVARES, M? del Carmen: "Aproximación al estudio de la iglesia...", Op. cit.
21. IC. AGAS. Sección Fábricas, leg. 803, año 1757, f. Varios.
22. A. P. Santa María. L.C.F. nº 196, año 1759, f. 98.
23. A. P. Santa María. L.C.F. nº 197, año 1762, f. 88.
24. A. P. Santa María. L.C.F. nº 198, año 1765, f. 90.
25. A. P. Santa María. Leg. 108, año 1767.
26. HERNÁNDEZ DÍAZ, J., SANCHO CORBACHO, A. Y COLLANTES DE TERÁN, F.: Catálogo arqueológico y artístico de Sevilla y su provincia. Tomo III. Sevilla : Diputación, 1950.
27. IC. AGAS. Sección Fábricas, leg. 803, año 1757.
28. HERNÁNDEZ DÍAZ, J., SANCHO CORBACHO, A. y COLLANTES DE TERÁN, F.: Catálogo arqueológico y artístico..., Op. cit., p. 119.
29. A. P. Santa María. L.C.F. nº 200, año 1778, f. 65.
30. A. P. Santa María. Leg. 108, año 1810.
31. A. P. Santa María. L.C.F. nº 202, año 1810, f. 80.
32. A. P. Santa María. L.C.F. nº 204, año 1818, f. 367 y 368.
33. Ibidem. f. 371 v.
34. PALOMERO PARAMO, Jesús Miguel: El Retablo sevillano del Renacimiento: Análisis y evolución (1.560-1.629). Sevilla : Diputación, 1983, p. 433
35. AYARRA JARNE, J.E.: El Organo en Sevilla y su provincia. Sevilla : Caja San Fernando, 1975, p. 53-54.
36. HENÁNDEZ DÍAZ, J., SANCHO CORBACHO, A. Y COLLANTES DE TERÁN, F.: Catalogo arqueológico y artístico.... Op. cit., nota nº 318, p. 306.
37. Ibidem.