Reproducimos aquí íntegramente el artículo  publicado en: "Temas de Estética y Arte, nº XVI. Sevilla. Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. 2002" publicado por Don Jesús Aguilar Díaz a quien debemos agradecer esta desinteresada y valiosa aportación a nuestra web. Espero le llegue desde aquí mi más profundo agradecimiento.
Recordarte que si quieres y tienes tiempo puedes obtener una vista de 360º del mismo.

Reproducción del texto íntegro:

 

LA CAPILLA SACRAMENTAL DE LA IGLESIA DE SANTA MARIA DE ÉCIJA.

La Iglesia de Santa María de Écija ha experimentado un largo proceso constructivo desde la Plena Edad Media. En el siglo XIII, es cuando empieza a gestarse su construcción. El primitivo edificio gótico-mudéjar fue mandado erigir por Don Pedro Fernández Gragea, caballero al servicio de San Fernando en la reconquista de esta localidad en 1242. Su conclusión se llevará a cabo unos veinte años más tarde, en 1262 aproximadamente.

El recinto original constaba de tres naves con cabecera poligonal, midiendo seis varas de ancho la nave central y cuatro las laterales. Dicho espacio eclesiástico era de reducidas dimensiones y excesiva compartimentación espacial. Asimismo, la capilla mayor, angosta,Vista General impedía que la celebración de la liturgia se efectuase con la dignidad requerida. El presbiterio quedaría, pues, situado en la cabecera, donde hoy se abre el vano de acceso hacia la Capilla Sacramental. Gracias a una posterior intervención, se le añadirán a la iglesia dos naves más. Razón por la que quedó inscrita en un cuadrado perfecto. Como era usual, se recubría por medio de una techumbre mudéjar. Por ello, la primitiva fábrica medieval se desarrollaba en eje longitudinal con respecto al ábside del edificio. Además de la puerta principal, poseía otro acceso lateral, con el preceptivo abocinamiento y los baquetones, elementos propios en esta tipología arquitectónica.

La antigua capilla del Sagrario de dicha parroquial puede que se ubicara en el testero de la nave del evangelio. Esto se deduce de la localización de la misma dependencia eclesiástica en el templo de Santiago de Écija. En la visita pastoral, realizada en 1704, se comenta que el Sagrario de la iglesia de Santa María está muy lustroso. Debía contar con un magnífico retablo, realizado en 1572 por los artistas Juan Bautista Vázquez el Viejo, Gaspar del Águila y Pedro Villegas Marmolejo. La participación de tan afamados artífices hace pensar que el citado retablo sería de gran valor artístico. Toda la estancia quedaba cerrada por un cancel. Posteriormente, según el mandato número tres de la visita realizada en 1672, se decide desplazar dicho Sagrario. De esta manera, quedaba cerca del altar mayor y alejado del ruido que las predicaciones ocasionaban. Para realizar dicha empresa era necesario comprar una casa y sitio que estaba junto a la iglesia, en el lado de la epístola.

De gran interés para la futura configuración del Sagrario actual, será la ejecución de una nueva sacristía en 1725 (Lám.1). El edificio mantendrá, más o menos, su estructura original hasta principios del siglo XVIII. Será en estos años cuando comience la transformación de toda la fábrica del recinto eclesiástico. De este modo, se conseguía construir un edificio más acorde con el esplendor de esta localidad, que en dicha centuria experimentará un notable auge económico, demográfico y cultural. Poco antes, en 1717, se inicia la erección de una nueva torre, siguiendo el diseño del maestro albañil local José Páez de Carmona. Volviendo a lo expuesto anteriormente, en 1725 comienza la construcción de una nueva sacristía para el templo, un vestuario y una serie de reparaciones en la estructura del viejo edificio. Las primeras noticias sobre el particular proceden de la visita pastoral de 1705. En ella se expone la necesidad de levantar dicha estancia, ya que se ha estado utilizando como tal unos callejones que había a espaldas de la capilla mayor. Esta nueva sacristía será levantada donde se disponía el patio de naranjos. Por ello, la entrada desde la capilla mayor sería más directa. Su planta, cuadrada, se cerrará con una media naranja sobre pechinas, las cuales se decoran con una molduración mixtilínea, típicamente dieciochesca. En el centro de la misma cuelga un florón de yeso cortado. Y su interior está todo enlucido con yeso blanco, cal y arena. Asimismo en el anillo de la citada media naranja aparecen una serie de " fugetes con sus canes y sobrecanes". La habitación poseía varios accesos. El principal se hallaba en uno de los laterales de la cabecera poligonal de la iglesia gótico-mudéjar. Y el otro se abría en la nave de San Lorenzo, el cual perdura hoy en día. Además, la sacristía poseía una puerta que enlazaba con el vestuario y otra que accedía al patinillo.

Al concluir la construcción de dicha estancia, ésta se ornamentó con muebles, bancas, tacas y dos reclinatorios con sus correspondientes balaustres de nogal torneados. También se realizaron una cajonera que poseía en su parte superior, como adorno, una repisa para colocar un Crucifijo, con su sitial encima para poner una cortina; y un torno para depositar la toalla de mano. Estos trabajos fueron realizados por los artífices locales José Páez de Carmona, maestro de albañilería; y Alonso Tejero artífice de la madera. El primero era miembro de una familia dedicada a la albañilería. Su hermano Juan ocupó el cargo de Maestro Mayor del Consejo hasta 1704, aproximadamente. Por entonces, le sucedió José, cuyos trabajos se desarrollarán principalmente en el primer tercio del siglo XVIII. En cuanto a Alonso Tejero, nacido en 1657, sabemos que fue maestro carpintero de la iglesia de Santa María desde fines del siglo XVII hasta los años 30 de la centuria siguiente. Para este templo parroquial realizará numerosos trabajos. Baste recordar el atril grande o el monumento de Semana Santa. Murió hacia 1743, fecha en la que se concluye el cancel de Santa María que él había comenzado a hacer.

El terremoto acaecido en Écija el 1 de noviembre de 1755 marcará un antes y un después en la estructura de esta iglesia en general, y del Sagrario en particular. Los grandes daños producidos por tan violento seísmo hizo que el Arzobispado rápidamente acometiera la reconstrucción o reparos de los edificios afectados. Las obras del nuevo recinto eclesiástico se comenzarán en 1758, año en el que se coloca y se bendice la primera piedra. El arquitecto Pedro de Silva será el encargado de elaborar los planos y las condiciones de obra. Sin embargo, la realización material corrió a cargo del maestro alarife Joaquín Herrera. Posteriormente, se le encargará a Ambrosio de Figueroa, la proyección de los alzados y cubiertas de la capilla mayor y sacristía. Asimismo, intervendrán los maestros mayores José Álvarez y Fernando Rosales.

Tras esta serie de mejoras y reestructuración del templo, la antigua sacristía, anteriormente descrita, perderá su función original; ya que se construyen dos a ambos lados de la nueva capilla mayor. Su reciente edificación y por lo tanto buen estado, a pesar del citado terremoto, hará que se aproveche su estructura para formar parte de la nueva capilla sacramental, que es la que actualmente existe (Lám.2). En 1768, Pedro de Silva, maestro mayor de Fábricas del Arzobispado, al revisar las obras que se están llevando a cabo en la nueva parroquial dice "La Sacristía que oi es, y ha de quedar Para Sagrario". Un año después, Ambrosio de Figueroa, al supervisar la obra, comenta que la puerta que hay en el patio y que da paso a la Sacristía vieja, "que será después Sagrario", hay que hacerla de nuevo. Esta medirá "cuatro varas de alto con el mojinete, el que ira solado de ladrillo raspado y su gruesso de dos tercios".

 

Por fin, en 1783, José Álvarez, por entonces maestro mayor de las obras del Cabildo y de las Fábricas de las iglesias de Sevilla y arzobispado, establece las directrices que se han de seguir en la construcción del nuevo Sagrario. Tras reconocer la estancia existente, anota que está situada a los pies de la nave, contigua a la torre, en la nave del evangelio. Además comenta que se halla "atirantada por la parte exterior a corta diferencia con la pared guardera de la iglesia del lado del evangelio". Por otro lado, José Álvarez dice que la capilla existente es de obra antigua pero de fiable solidez. Para edificar esta nueva estancia de la parroquial, sólo habría que construir "una pared guardera, y un testero de nueva fábrica". La longitud del Sagrario tendrá veinte varas desde la capilla mayor hasta el testero. Deberá poseer dos entradas, una por el costado que de a la nave del evangelio, y otra que comunique con el claustro o patio. También se indica que toda la estructura será cubierta con "bóvedas con lunettos en su cañon, como lo han de ser cubiertas las naves de la iglesia y tejado". Además los enlucidos y solerías de pavimento deben realizarse acorde con el resto de la iglesia. De este modo se conseguirá dar uniformidad a todo el edificio, diferenciándose sólo en longitud y latitud. El único inconveniente es que no se podrá ver desde la iglesia el altar mayor de esta capilla. Razón por la que se propone poner el citado Sagrario frente a la puerta de la nave del evangelio, como está en la colegiata del Salvador en Sevilla. Pero el clero de la parroquia se inclina a llevar a cabo lo que se decidió en un principio. Por último, también se establece el coste de dicha empresa constructiva, el cual ascenderá a veinticinco mil setecientos reales de vellón.

En 1789, el nuevo maestro mayor del arzobispado, Antonio de Figueroa, en la visita que realiza a la iglesia de Santa María de Écija, comenta que las obras están muy avanzadas. Dice del Sagrario que "se hallan executados los arcos de su cañon, pero resta el tabique de su cerramiento, correr las tarraxas y enlucidos". Dos años más tarde, reseña la próxima conclusión de la obra, a la que sólo falta por poner la solería. En el plano actual de dicha capilla podemos apreciar como ésta se compone de una sola nave con cuatro tramos, los cuales se cubren con bóvedas de arista simple, y mantiene en su cabecera la misma estructuración de la antigua sacristía, construida en 1725. Por ello, es evidente que al erigirse el nuevo edificio, se destruye la capilla mayor del edificio gótico-mudéjar, pero se respeta la antigua sacristía para que sirva de cabecera al mencionado Sagrario. La estancia, se encuentra profusa y ricamente decorada con una serie de pinturas murales de evidente interés iconográfico.

En los plementos de la bóveda campean dieciséis tondos, que personifican en los tres primeros tramos a los Apóstoles, con sus atributos personales. En el último de estos espacios aparecen los Padres de la Iglesia: S. Johannes Chrisos Tomus E.C.D., S.Basilius Magnus E.C.D., S. Agustín E.C.D. y S. Jerónimo C.D. Todas estas efigies, que se insertan en composiciones circulares, están enmarcadas en sendas cenefas decoradas con elementos vegetales estilizados y veneras que aluden a la purificación (Lám.3).

Los arcos fajones también poseen esta temática decorativa, que se articula por un motivo central mixtilíneo y dos cuadrangulares en los extremos. En el arco triunfal, que accede a la zona del altar, se representan las espigas y las uvas, dentro de unas estructuras romboidales, flanqueando la cartela central con la siguiente frase latina: "QUI MANDUCAT HUNC PANEM VIVET IN AETERNUM" (S. Juan C.VI.V.LVIII), ("Quien come este pan vivirá eternamente").

Las jambas de este arco están decoradas con unas alegorías eucarísticas. Entre ellas, se reproduce la custodia-ostensorio que posee esta iglesia parroquial, obra de Arfe, rodeada por una filacteria que recoge la siguiente leyenda: "ALABADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO", y sobre él una inscripción: "QUI MANDICAT MEAM CARNEM ET BIBIT MEUM SANGUINEM IN ME MANET ET EGO IN ILLO" (S. Juan C.VI.V.LVI), ("El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él"). Y también aparece el Cordero Místico sobre el libro de los siete sellos, que posee de nuevo en su parte superior otro pasaje del Evangelio de S. Juan, que dice así: "CARO ENIM MEA VERE EST CIRUS ET SANGUIS MEUS VERE ES DOTUS" (S. Juan C.VI.V.LV), ("Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida").

A continuación observamos ocho medios puntos pintados al óleo. En ellos se representan diferentes pasajes relacionados con la Eucaristía. En el flanco derecho; "Elías alimentado por el ángel", "La Anunciación", escena esta basada por imposición del párroco, en la famosa Anunciación de Murillo; pero a la que los artistas añadieron, como nota propia, un fondo arquitectónico que reproduce un arco del mirador del monasterio de Santa María de la Rábida. También debemos resaltar en esta composición, que el rostro de la Virgen corresponde al de la esposa de Joaquín Ojeda. Las dos siguientes escenas son las de "Las Bodas de Canaan" y "La Multiplicación de los panes y los peces" (Lám.3).

En cuanto al lateral izquierdo contamos, en primer lugar, con "La Última Comunión de la Virgen". Este óleo merece especial mención, ya que destaca por su delicadeza expresiva, por su armonía cromática y por su notable composición. Aparece la Virgen, arrodillada, recibiendo la Sagrada Eucaristía de manos de San Juan Evangelista, que viste una casulla roja bordada en oro, que reproduce la que forma parte de un terno litúrgico, propiedad de la iglesia de Santa María. También hay que anotar que la mesa de altar que aparece plasmada reproduce la que se utilizó en origen para exponer la imagen de Jesús Cautivo.

El siguiente panel representa "La Cena de los discípulos de Emaus", donde aparecen unas grandes tinajas que reproducen unas existentes en el patio de la parroquia, pertenecientes a la colección arqueológica que posee la iglesia. Dicha colección se empieza a formar a partir de 1945, cuando el entonces párroco Don Francisco Domínguez comienza a reunir en este claustro hallazgos arqueológicos casuales procedentes tanto de Écija como de otras localidades no muy lejanas. A su lado el pasaje evangélico de la "Santa Cena", captada en el momento en que Cristo, tras instituir la Sagrada Eucaristía, anuncia a sus discípulos que uno de ellos le traicionará. En esta composición, los autores hacen alarde de la técnica de "paños mojados", en la indumentaria de los Apóstoles. Por último, tenemos la escena de la "Transfiguración de Cristo" que nos anticipa la gloria de su Resurrección.

A la misma altura de estos óleos, en el medio punto de los pies, hay una vidriera policromada, con el Espíritu Santo y la Virgen coronada como Emperatriz de Cielos y Tierra. Completa la escena, a derecha e izquierda las representaciones, realizadas al fresco, del Padre Eterno y Jesucristo. Como es preceptivo, Cristo porta la cruz como símbolo de redención y muestra las llagas, en una interpretación glorificada, que alude a su Pasión, Muerte y Resurrección. La citada vidriera fue colocada en 1954. Su coste ascendió a 9.725 pts, importe abonado por el Señor Don Manuel Soto Domecq.

También en esta zona de los pies, a los lados del cancel, se encuentran la figuras de San Francisco de Asís estigmatizado, con el Crucificado en las manos y con una inscripción sobre su cabeza que dice: "PROBET AUTEM AIPSUM HOMO ET SIC DE PARCE ILLO EDAT ET DE CODICE BIBAB" (Epístola de S. Pablo a los Corintios C. XI.V.XXVIII), ("Examínese, pues, cada cual y coma así el pan y beba de la copa"), y la figura del apóstol San Pablo, al lado opuesto con la siguiente leyenda: "QUI ENM MANDUCAT ET BIBIT INDIGNE JUDICTUM SIBI MANDUCAT ET BIBIT" (Epístola I de S. Pablo a los Corintios C.XI.V.XXIX), ("PORQUE QUIEN LO COME Y BEBE MI DISCERNIR EL CUERPO, TRAGA Y BEBE SU PROPIA CONDENACIÓN").

En los arcos formeros, que recorren ambos lados de la capilla, se ubican seis lienzos de factura dieciochesca. Éstos representan a San Juan, San Mateo, San Lucas, San Marcos, al Ecce Homo y a la Virgen del Carmen. Los cuatro primeros lienzos poseen las mismas características formales y compositivas. Los cuatro Evangelistas, sedentes, están escribiendo los textos sagrados. Se identifican fácilmente por sus atributos iconográficos. Asimismo, al fondo abren unos vanos que dejan entrever, tras descorrerse un cortinaje, un paisaje (Lám.4). A ambos lados del cancel que abre al patio de la iglesia, se ubican los dos lienzos restantes. El primero reproduce a la Virgen del Carmen con dos santos de la Orden. Dicha imagen mariana, concebida como Mater Misericordia, extiende los brazos, amparando a San Simón de Stock y Santa Teresa de Jesús. En el otro lienzo aparece el Ecce Homo. El Redentor está pintado de medio cuerpo, con las manos atadas con una soga, y unidas ambas al pecho. El cuadro se complementa con dos parejas de pequeños ángeles. Dos de ellos descorren un cortinaje, en la parte superior; y los otros, situados en la zona inferior, enjugan sus lágrimas con sendos pañuelos blancos. El trabajo realizado se limita a siluetear el perfil mixtilíneo de estos cuadros, disponiendo una ornamentación carnosa de tema vegetal que delimita una cenefa. En el intradós vuelve a reproducir los mismos elementos vegetales, florales y veneras situados simétricamente en torno a unos motivos cuadrilobulares. En estos repertorios, que también vemos en la bóveda, siempre el fondo es azul añil y los elementos están trabajados en realce y en tonos grises, blancos y ocres.

En uno de estos arcos formeros, concretamente en el opuesto a la puerta lateral de acceso, el paramento de fondo está concebido pictóricamente como hornacina en cuya repisa se incluye una escultura de San Tarcisio, joven acólito, muerto a golpes y pedradas porque no quiso entregar a los paganos la Eucaristía que llevaba escondida en su pecho con destinos a los encarcelados. Por mala interpretación de la palabra acólito, se le representa muy jovencito. Viste túnica y manto romano. Esta figura queda flanqueada por dos jarras repletas de flores, y dos cartelas en forma de óvalo con racimos de uvas y espigas de trigo.

Asimismo, en las pilastras se efigia una serie de Santos Eucarísticos en fingidas hornacinas aveneradas, cuyas peanas quedan sostenidas por un querubín. Estos son los siguientes: Santo Tomás de Aquino, autor por encargo del Papa de la misa del Corpus Christi; San Pascual Baylón, Santa Clara de Asís, San Buenaventura, teólogo eucarístico de la Orden Franciscana, que intervino en la redacción del oficio del Corpus; Pío X, concluido el mismo día de su beatificación, bajo el que se encuentra la fecha de finalización de las pinturas XIX-V-MCMLIV; y por último el beato Juan de Ávila, incluido en este programa iconográfico por su relación con esta ciudad y sobre todo con la parroquia de Santa María, donde predicó en reiteradas ocasiones y donde despertó la vocación de Doña Sancha Carrillo.

Esta joven de extraordinaria hermosura, la más elegante dama de entonces en aquella sociedad, se confesó con el maestro San Juan de Ávila. Cuando hubo escuchado las saludables exhortaciones, cambió rápidamente sus galas y atavíos por un modestísimo traje y desistió también de ir a la Corte, donde estaba designada para dama de honor de Doña Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos V. Y, por fin, se recluyó en la soledad del retiro para consagrarse eternamente a Dios.

Por último, habría que añadir que a lo largo de los dos laterales del recinto se despliega una filacteria decorada con espigas y racimos de uvas que posee una inscripción latina, que corresponde al himno que se canta en la exposición del Santísimo Sacramento y en la reserva Eucarística. En el lado derecho, desarrollándose desde los pies a la cabeza, se recoge lo siguiente: "PANGE LINGUA GLORIOSI CORPORIS MYSTERUM SANGUINISQUE PRETIOSI QUEM IN MUNDI PRETIUM FRUCTUS GENEROSI REX EFFUDIT GENTIUM", y en el paramento opuesto: "TANTUM ERGO SACRAMENTUM VENEREMUR GERNUI ET ANTICUUM DOCUMENTUM NOVO CEDAT RITUI PRAESTET FIDES SUPPLEMENTUM SENSUUM DEFECTARI". Esta decoración parietal se dispone a partir de un zócalo que recubre toda la estancia. Este zócalo de clavos, de principios del siglo XX, realizados en los alfares trianeros, fue costeado por la familia Grepi.

En definitiva, desde el punto de vista técnico, este logrado conjunto pictórico se realizó mediante la técnica del fresco, para la cual se empleó como material principal la cal, que debía estar apagada con un año de anticipación. Por ello, se hizo necesario recurrir a la cal que poseían las casas ecijanas y que se utilizaba para el blanqueo de las mismas. Dicha técnica limitó el repertorio de colores, predominando los azules, el blanco, el ocre, el negro y el sombra tostada. La obra, ejecutada aproximadamente en un año, se concluyó el diecinueve de mayo de 1954. Fue costeada por suscripción popular. Su precio ascendió a cincuenta y ocho mil cien pesetas, siendo abonado a los artistas el veinticinco de noviembre del mismo año.

Esta capilla sacramental se enriquece con un retablo mayor, en forma de templete, que procede del antiguo monumento eucarístico. Tan suntuosa máquina fue diseñada por Juan José Cañero, ejecutada por Alonso Tejero y dorada por Francisco Romero entre 1727 y 1733. Sus esculturas fueron llevadas a cabo por Juan del Aguila y Juan Prieto. El primero realizó a partir de 1731, entre otras labores decorativas, los serafines y dos ángeles vestidos y otros dos desnudos, hoy día en paradero desconocido. Juan Prieto, por su parte, realizará en 1736 once profetas, cuyas figuras fueron policromadas por Francisco carrillo del Rey. Actualmente sólo se conservan seis de ellas (Lám.5). Por último, en1788, terminada la nueva iglesia, Juan Guerrero reformó todo el conjunto que pintó de nuevo el dorador Juan de Rafael de Santiago, cuyos restos configuran el retablo actual. En su interior se expone la Virgen de Belén, bajo otro templete de la época, articulado mediante estípites. La Madonna, dieciochesca, sedente, porta sobre su rodilla izquierda al pequeño Jesús, de factura seriada, María gira levemente la cabeza. Mira ensimismada a su divino Hijo. Su abundante cabellera, que cae por la espalda, queda cubierta por una toca marfileña. Viste túnica de color jacinto con motivos vegetales y florales y manto azul, que revolotea al viento. La citada vestimenta, en el busto posee una pequeña abertura, que sugiere la sugestiva advocación de Virgen de la Buena Leche, tan propia del tema eucarístico. Posee corona con las consabidas doce estrellas y media luna a los pies, ambos atributos concepcionistas realizados en plata. Porta en su mano derecha el cetro, como dispensadora de todas las gracias y virtudes (Lám.6).

En el centro del altar, detrás del barandal ligno, de fines del siglo XVIII, que delimita el presbiterio, se ubica un Sagrario de plata, de interesante factura (Lám.7). Este fue realizado por el orfebre sevillano Cayetano González Gómez. Dicho templete de planta rectangular, se eleva sobre una delgada base de jaspe rojo. Sus dimensiones son 50 x 65 cm. El habitáculo, presenta tres de sus cuatro caras totalmente labradas mediante la técnica del cincelado y repujado. Éstas, a su vez, quedan articuladas mediante sendas pilastras que se sitúan en los ángulos. Se decoran cada una de ellas con dos hornacinas superpuestas, donde se ubican pequeñas esculturas de: San Pedro, San Pablo, San José, San Francisco de Asís, San Juan Evangelista, San Pascual Bailón, San Cayetano, Santa Tersa de Jesús, Santo Tomás de Aquino, Santa Bárbara y San Tarcisio. A su vez se rematan con cuatro pirámides de sabor herreriano y decoradas con unas pequeñas volutas. Del mismo modo una delicada balaustrada o antepecho recorre todo la zona superior. La fachada principal, está compuesta por un arco triunfal que es soportado por dos columnillas salomónicas estriadas de orden jónico. Decorando la pequeña puerta del Sagrario, se encuentra un medallón de traza ilipsórdea con la imagen del Divino Salvador y cuatro más pequeños en los ángulos con los símbolos de los evangelistas. Sobre ella aparece una cartela con el anagrama de María. Encima del arco y rompiendo la cornisa, se sitúa un relieve repujado, representando a la titular del templo, María Santísima subida a los cielos por dos ángeles mancebos. Coronando todo el pequeño edificio, una cúpula, de planta octogonal rematada por una cruz. En la parte interior, la puerta está adornada con un ánfora repleta de simbólicas espigas. Los otros tres lados presentan emblemas eucarísticos: el Cordero Místico sobre el libro de los siete sellos en la parte frontera; y en las laterales, un cáliz y una custodia. Sirviendo de fondo a dichos emblemas, hay una delgada enredadera de vid, repleta de racimos de uva. Esta obra de platería fue mandada realizar por el entonces párroco de Santa María, Don Francisco Domínguez Fernández. Su coste ascendió a 19.486 pts., sufragado por suscripción popular. Se inauguró el 31 de Diciembre de 1931.

Detrás del Sagrario, encontramos otra singular obra de orfebrería barroca. En este caso, se trata de un Calvario, realizado en carey, madera de ébano y plata dorada. De este último material son las figuras del Crucificado, San Juan Evangelista y la Virgen, la Verónica y un Cristo resucitado. Todas ellas portan pequeñas coronas de plata. Su ejecución data del primer tercio del siglo XVII. Este grupo escultórico posee influencias escurialenses aunque con alguna reforma dieciochesca.

Asimismo, en esta capilla sacramental se exponen otras dos imágenes fechables en el siglo XVIII, que representan a San Francisco de Asís y a la Inmaculada Concepción. El primero porta en su mano izquierda un Crucificado, al que mira en actitud contemplativa. Viste el hábito pardo de la Orden, ricamente estofado, que se ciñe a la cintura con el consabido cordón franciscano (Lám. 8). La imagen mariana, de sugestiva factura duquesca, se yergue sobre una nube tachonada por pequeños querubines. Su rostro, de gran delicadeza emocional, presenta ojos rasgados, nariz afilada y boca menuda. Su larga cabellera cae, en amplias guedejas, por la espalda. Une sus manos a la altura del pecho, en sentido contrario a la disposición de la cabeza, rompiendo la frontalidad y reforzando el dinamismo del conjunto. La efigie viste áurea túnica y amplio manto azul, con vueltas rojas y vistosa estampación de elementos florales y vegetales. Se completa con una aureola de plata de la misma época (Lám.9).

Por último, encontramos en el Sagrario otros muebles dieciochescos dignos de mención. En el presbiterio se sitúa una consola rococó, decorada con áureas rocallas y motivos chinescos sobre fondo rojo. De la misma época es un sillón, que se ubica en la parte trasera. Flanqueando la pequeña escultura de la Inmaculada, antes mencionada, se encuentran dos blandones de madera, policromados en rojo y dorado. Éstos poseen una base de sección triangular, decorada con volutas y pinjantes. Sobre ella se levanta el fuste abalaustrado que sostiene el platillo y cubillo donde se coloca el cirio.

Completan el ajuar litúrgico de esta capilla un atril de sobremesa y dos grandes blandones, situados junto al altar. Éstos últimos son piezas primorosamente labradas en madera oscura y dorada. El basamento, concebido a modo de trípode, muestra recortados perfiles. La caprichosa y rica ornamentación se resuelve a base de ces, rocallas y cartelas con el anagrama de María. El fuste se enriquece, en su mitad inferior con varios discos y la superior adopta un formato entorchado o torneado. El conjunto, como de costumbre, ostenta un platillo y el cubillo correspondiente (Lám.10). Desde el punto de vista morfológico y ornamental esta obra de carpintería puede inscribirse en el círculo del maestro Juan Guerrero que en el último cuarto del Setecientos trabaja para la parroquial ecijana de Santa María.